El cuerpo y la escucha xcover Guido 2.pn

EL CUERPO Y LA ESCUCHA

Prefacio

Este libro habla de osteopatía, pero sólo como una excusa para hablar de transformación y de equilibrio, de mi propia experiencia en la búsqueda, y voy a intentar hablarle no sólo a los osteópatas, sino a todos los que se sienten fuera de balance y creen que un cambio es posible pero no encuentran el camino.
Este parece ser el milenio de la polarización y las grietas. La inclusión en el mundo fue por siglos una cuerda floja, donde el equilibrio estaría en conectarse con la realidad sin perder la individualidad. En la actualidad, tenemos que enfrentarnos a la existencia en ese universo paralelo que es el de las redes sociales. El ciberespacio es un mundo deforestado, desencarnado, anemocional, donde no hay diálogo ni escucha ni contacto corporal, que empieza a salirse de los límites virtuales donde estaba contenido y se expande hacia el mundo real. Ante esta realidad psicópata, paranoica, abusadora y perversa, para muchos la solución está en desconectarse de alguna manera. Mucha gente que antes podía desenvolverse en un equilibrio holgado ahora cae hacia uno u otro lado. De un lado, la desconexión interna; del otro, la ultraconexión consigo mismos. Unos se hacen tan permeables que los estímulos del exterior los atraviesan sin influirlos, y otros se hacen tan impermeables que no dejan que los estímulos del mundo exterior los penetren. Gente que se abre y se deja atravesar por todo y gente que se cierra y no se deja penetrar por nada. Gente que se hace intangible y gente que se hace impenetrable. Unos optan por la memización y el retuit, por la devastación del diálogo y el tratamiento del raciocinio como algo contingente, y por la universalización y banalización de la política. Otros cambian hacia la desafectación de la actualidad, hacia la búsqueda en las profundidades de uno mismo y el desapego por la ideología, y hacia la empatía contemplativa en vez de activa.
Unos oyen todo sin discernir ni absorber, y otros cierran sus oídos para no oír. Ninguno realmente escucha. Hace falta rescatar, reivindicar y redefinir la escucha.
La sociedad se polariza por un ansia de estabilidad, porque los cambios culturales y tecnológicos traen un vendaval de inseguridad y despiertan el anhelo arrollador de una superficie firme donde poder estar cómodo y olvidarse de todo. El mundo está cambiando hacia una forma desconocida, y la polarización otorga estabilidad.
Pero esta estabilidad es negadora. Nos blinda de los cambios del mundo exterior, pero tanto la sociedad como sus transformaciones siguen ahí, y si quisiéramos acompañarlos lo mejor sería, en lugar de buscar una estabilidad, reestablecer un equilibrio.
Equilibrio no es lo mismo que estabilidad. Equilibrio es -justamente- pilotear la inestabilidad. Equilibrio es estar a punto de caer, pero no caer. Si me caigo, dejo de estar en equilibrio, pero si renuncio a estar a punto de caer, si me muevo a una superficie sólida y amplia, o si me aseguro a una estructura firme, también dejo de estar en equilibrio. El equilibrio es movimiento, y ésta es la diferencia fundamental con la estabilidad. La estabilidad es quietud, es no cambio. Es en el equilibrio donde nos transformamos. Equilibrio es cambio constante, revolución permanente, alostasis. Por su misma esencia, no hay equilibrio sin transformación. Y a la vez, no hay transformación sin equilibrio.
Estar en equilibrio implica moverse en un límite, y también entraña un peligro inminente, por pequeño que sea ese peligro. El secreto para mantener el equilibrio es no des-esperar. Saber esperar. No dejarse vencer por el miedo sino aprender a saborearlo. Entregarse al viento y a la soga, y confiar en nosotros mismos. Así como la estabilidad es confianza en el entorno, el equilibrio es confianza en mí mismo y mi capacidad de adaptación rápida. Digo saber esperar porque si bien es cierto que la soga se está deshilachando ente nuestros ojos, sabemos que se está tejiendo otra nueva conformada por nuevos conceptos, ideologías y disciplinas. Una de estas es la osteopatía, y es la que me dio a mí el apoyo para navegar el huracán contemporáneo, brindándome a la vez la transformación que permite el equilibrio y el equilibrio donde puede suceder una transformación.
En el campo epistemológico médico parece existir una polarización similar, con un lado –el enfoque científico biomédico duro- definido por teorías científicas, validaciones por experimentos de doble ciego fiscalizados por colegas y la optimización utilitarista de recursos, y otro lado –el enfoque alternativa espiritualista- determinado por prácticas alternativas, apertura a conocimientos consensuados por mecanismos no ordinarios y concepciones de abundancia inagotable.
Sin embargo, ahí en el medio, algo está cambiando. A mediados del siglo XX una serie de pensadores (Ryle, Sartre, Husserl, Merleau-Ponty), al unir otra vez los conceptos de cuerpo y mente, cerraron una herida epistemológica que había abierto Descartes trescientos años atrás, y en ese tejido cicatricial surgieron disciplinas hasta entonces impensables.
El nuevo paradigma es holístico: la encarnación del cogito cartesiano, la visión del cuerpo como algo más que la materia física objeto de tratamientos biomédicos. El viejo paradigma objetivaba el cuerpo al contemplarlo desde la mente analítica, y esa objetividad/objetivación establecía una mirada médica externa, fría e inanimada. La osteopatía es una de las disciplinas nuevas que recuperan la capacidad de escucha, protegen las instancias de diálogo y terraforman un territorio donde se puede desplegar la empatía.
Esta transformación no sucede solo en forma paralela a la medicina, sino que también dentro de la filosofía, epistemología y deontología médicas existe una migración hacia nuevos modelos. Las nuevas teorías del dolor, de las enfermedades crónicas, de las emociones y del trauma son eminentemente holísticas.
Pero, entre todas esas disciplinas, la osteopatía ocupa una posición privilegiada, porque todo su corpus hace equilibrio en la cicatriz de la herida cartesiana. Es en ese territorio carnoso y sanguinolento que se instaura como catalizadora de la metamorfosis paradigmática general, y es justo ahí donde me encontró, donde me desarticuló para reconstruirme.
Adentrarse en el mundo de la osteopatía es como meterse en una crisálida: entrás oruga, con la idea de aprender algunas cosas, y terminás saliendo mariposa. Pero volverse mariposa no es gratis. La metamorfosis es brutal: ni bien entra en la crisálida, la oruga se digiere a sí misma, dejando un par de estructuras desde las que luego empezará a modelar la forma nueva usando el material digerido. Antes de ser mariposa, la oruga deja de ser oruga, y una vez que sale tiene que aprender todo de nuevo. Tiene trompa, antenas, genitales y alas, todos superpoderes muy bienvenidos, pero que implican otra manera de pensar el mundo, de hacer las cosas, de sentir y de ser. La pobre oruga, desde que deja de ver la luz cuando se le cierra el capullo sobre la cabeza, hasta que sale y experimenta las sensaciones infinitas que le llegan por las antenas y la desnudez de enfrentarse al mundo sin exoesqueleto y el sostén del viento en las alas, debe estar bastante confundida, e incluso por momentos aterrada.
Este libro no habla de mariposas ni de orugas, sino de eso que oscila en el medio. No profundiza en los objetos que hay que soltar ni en los conceptos que hay que aprender, sino en lo que se experimenta en el proceso de autodigerirse y autorregenerarse. Habla de conmociones y preguntas. Habla de abandonar la estabilidad, de enfrentarse al peligro y la vulnerabilidad para recuperar el equilibrio y volver al cuerpo, que es donde somos.
Me consta que la osteopatía no es el único camino para esta transformación. Hay gente que la consigue por medio de otras disciplinas o por sí solos, algunos luego de sufrir una catástrofe que los obligó a cambiar, algunos a fuerza de convicción, introspección o fe. Yo voy a mostrar mi recorrido, que es el único que conozco bien, con la esperanza de que mi exposición pueda servir a otros viajeros, no importa el camino que sigan.
Los estudiantes del Mayo Francés decían que hay otro mundo y está en este. La osteopatía me mostró que también hay otro yo, y está en este.
El Cuerpo y La Escucha es el primero de una serie de cuatro libros que intentan ser un retrato del encuentro de ese otro mundo y ese otro yo.