LIBROS

Quien quiera ser osteópata debe aprender cuatro cosas:


Saber sentir

La herramienta fundamental del osteópata para el diagnóstico y la supervisión del tratamiento es lo que llamamos la escucha, que, si bien se puede asociar al sentido del tacto, es mucho más que una simple habilidad palpatoria. No quiero meterme en detalles ahora, pero el osteópata debe saber sentir, y hay acá un aprendizaje que se desenvuelve en todos los sentidos de la palabra sentir.

Por ahora digamos que el osteópata, por un lado, mediante la práctica dirigida y el contacto prolongado y profundo con sus pacientes, desarrolla a lo largo de los años una sensopercepción aumentada en sus manos que le permite determinar, gracias al tacto, regularidades y variaciones en las estructuras y los movimientos del cuerpo en distintas profundidades y grados de sutileza.

Pero además, la apertura de esos nuevos canales de conexión produce un cambio que ya no es meramente cuantitativo sino cualitativo. Se desencadena algo que llamo fusión somática. Soy un cuerpo que escucha, y soy la escucha del cuerpo. La naturaleza de la sensación cambia. Sentimos más, sí, pero sobre todo sentimos distinto, y este es el primer superpoder y la piedra fundamental sobre la que se apoya la osteopatía, porque esta particularidad sensitiva hace que sea necesario aprender una nueva forma de ser.


Saber ser

Saber ser es lo que se conoce como filosofía de la osteopatía, e incluye un conjunto de principios formalizados que deberían guiar todas las decisiones cotidianas y una manera particular de relacionarse.

Los principios filosóficos se repiten una y otra vez a lo largo de la carrera y en todos los libros, y es parte de lo que distingue a la osteopatía de la medicina tradicional, aun si, curiosamente, varios de los preceptos fueron propuestos por padres de la medicina como Galeno o Hipócrates. Todavía hoy esos preceptos se enseñan en casi todas las universidades de medicina, pero en la práctica cotidiana y la organización de la institución médica, los criterios de eficiencia y de utilitarismo del mundo contemporáneo llevan a que se olviden rápidamente. Son los principios que fundan la visión holística.

Pero además de los principios, se adquiere una manera de relacionarse particular, o un concepto particular de relación con el otro y con uno mismo, que se desenvuelve en conjunción con el desarrollo del sentir. Por un lado, el osteópata se enriquece con un conocimiento consciente de sus proprioceptores, de cómo está su cuerpo -en los distintos sentidos de la palabra “estar”-, y entonces se articula más profundamente consigo mismo. Por otro lado, la escucha y la proyección hacen que en cierta manera el terapeuta sienta al cuerpo del paciente como una extensión del suyo, o como si viera al cuerpo del otro desde la misma perspectiva que ve el propio. Este autoconocimiento consciente, sumado a la fusión sensorial de los cuerpos, hace que la relación con el otro se plasme de una manera particular.

Y este modelo nuevo de vínculo, esta perspectiva sensorial que se extiende por los dos cuerpos e infiltra cada recoveco, hace que comprendamos la conexión íntima que hay entre distintas cosas, y esta comprensión fundamenta, apuntala y enriquece la visión holística de la relación terapeuta/paciente, de la salud, y de las relaciones humanas en general. Este es el segundo superpoder.

Esta visión holística y este cambio de paradigma en la relación con el otro afectan de manera tan profunda al estudiante, y socavan tantos mandatos arquetípicos modernos, que me atrevo a decir que quien quiera ser osteópata debe aprender a ser de un modo nuevo.


Saber entender

Los conocimientos declarativos de la osteopatía incluyen en principio los mismos conocimientos base de la medicina: anatomía, fisiología, histología, embriología, biomecánica, patología, semiología, psicología, farmacología. Saber todo lo posible acerca del organismo. Hay quizás cierta diferencia de foco (las carreras osteopáticas suelen tener más horas de anatomía o biomecánica que las médicas, pero menos horas de farmacología y casi nada de medicina interna), pero los contenidos y la bibliografía son idénticos.

Por otra parte, se incluyen conocimientos teóricos puramente osteopáticos, es decir teorías, conceptos y prácticas nacidos de la propia investigación dentro de la osteopatía, aunque algunos de ellos fueron asimilados por la enseñanza y la práctica de la medicina ortodoxa, como son la Reeducación Postural Global (RPG), las enseñanzas biomecánicas de Kapandji, el trabajo de fascias de Paoletti o las cadenas musculares de Busquet.

Todos esos conocimientos base son indispensables, y el osteópata debe conocer en detalle y estar familiarizado con la anatomía para poder hacer. Pero por lo que venimos diciendo ya podemos sospechar que la concepción del cuerpo es especial, que incluye otras cosas más allá del organismo y que, para contemplarlo, se toma un punto de vista distinto, todo eso que me gusta llamar Anatomía Somática y Psicofisiología.


Saber hacer

Además, los osteópatas deben aprender, igual que los médicos clínicos, el arte del diagnóstico y tratamiento. Es necesario instruirse sobre cómo reconocer elementos significativos para el diagnóstico, cómo ejecutar tal y cual test, estudiar cómo integrar los signos recopilados, deducir irregularidades y variaciones, armar eso que llamo red etiológica y determinar un tratamiento, aplicar diversas técnicas y verificar los resultados. Todas estas son destrezas que mejoran con la práctica, y que se interrelacionan formando la praxis terapéutica.

En esta praxis terapéutica, existe una consideración especial para eso que se extiende en el territorio donde cuerpo y mente se confunden: las emociones. La posición privilegiada del osteópata, puesto que su herramienta primal es el tacto, que se desarrolla en ese mismo territorio, sumado a los fenómenos de fusión somática y consciencia somática, hacen que el tratamiento de redes etiológicas con componentes emocionales sea particularmente efectivo.


Por consiguiente, quien quiera ser osteópata tiene cuatro misiones: estudiar conocimientos de base sobre la estructura y el funcionamiento del cuerpo humano, adquirir una habilidad para el diagnóstico, el tratamiento y la clínica cotidiana, desarrollar tanto una sensopercepción como una capacidad de conexión distintas, y adoptar una nueva forma de pensar y de ser.

Esta serie de libros consta de cuatro tomos, cada uno de los cuales explora uno de esos caminos.

En la primera parte, El Cuerpo y La Escucha, que toma el camino de saber sentir, vamos a hablar de la escucha, seguramente la habilidad más característica de la osteopatía, y la que genera un escenario donde se posibilitan tanto los principios filosóficos como los tratamientos.

En la segunda parte, El Cuerpo y La Vida, al explorar los senderos de saber ser, vamos a ver cómo los principios de la osteopatía se derivan de la escucha, y veremos también cómo esos principios guían la práctica y el saber. En particular, vamos a ver que hablar de “problemas” o "enfermedades" representa un paradigma de salud que queremos replantear. 

En la tercera parte, El Cuerpo y El Saber, donde recorremos los conocimientos de base, vamos a criticar esa idea de que tratamos “problemas mecánicos del organismo”. En principio, podríamos aceptar el concepto de que tratamos cuestiones mecánicas por el simple hecho de que nos guiamos por las restricciones de movimiento, pero hay que tener en cuenta que las causas de las disfunciones que atendemos se extienden mucho más allá del ámbito puramente mecánico. Y en este sentido, “organismo” es una palabra engañosa; parece abarcar más que “cuerpo”, pero en realidad logra deshacerse veladamente de esa entidad incómoda que son las emociones. Las emociones se despliegan en el cuerpo, pero no en el organismo. Por eso nos vamos a quedar con “cuerpo”, que incluye no sólo lo que ocupa lugar y que se toca, sino también las emociones y otras entidades que se despliegan en la frontera entre lo material y lo inmaterial. Para nosotros, el cuerpo es la carne, la mente y el alma. Todo lo que nos define está en el cuerpo, y vamos a estudiarlo desde los expertos habituales (el Netter es nuestra biblia), pero adoptando un ángulo particular que yo llamo Anatomía Somática.

En la cuarta parte, El Cuerpo y La Praxis, donde enumeramos las cosas que hay que saber hacer, vamos a ver que decir que la osteopatía usa “técnicas manuales” es tan escueto como cuando mi tía Fefe dice que el tío Patán, su hermano, arregla todo con un martillo y un clavo, cuando en realidad es carpintero y tiene la caja de herramientas mejor provista que vi en mi vida. Quizás sea aceptable hablar de técnicas manuales para diferenciarse de la medicina tradicional y despertar de inmediato la idea de que esta terapia no centra el tratamiento ni en la medicación química ni en la cirugía, o incluso para advertir a los pacientes nuevos que se requerirá cierto contacto corporal. Pero, si bien es verdad que usamos técnicas manuales (tests ortopédicos, tests funcionales, thrusts, energía muscular), algunos procedimientos fundamentales para el diagnóstico, como la escucha, y algunos métodos fundamentales para el tratamiento, como la inducción, requieren, para definirlos, un esfuerzo mucho más vasto que el de llamarlos simplemente “técnicas manuales”. 

 
El cuerpo y la escucha xcover Guido 2.pn

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